¿Somos los únicos? de la arrogancia humana y sus consecuencias

Como todos sabemos  Carl Sagan fue los fundadores e impulsores desde el escepticismo de SETI Search for ExtraTerrestrial Intelligence precisamente para obtener pruebas que invalidaran teorías pseudocientíficas sobre  la existencia de vida inteligente en el resto del universo, aunque Sagan era bastante optimista en creer que si en la Tierra fue posible, en otros lugares del universo también  pues así rebatía los pilares de la religión, investigando sobre aquellas condiciones que originarían la vida.

En Ciencia Kanija se publica la traducción de un muy buen artículo titulado
SETI requiere una reevaluación escéptica escrito por Peter Schenkel en donde se hace una pequeña crítica a cierta afirmación de Carl Sagan  sobre

« que alienígenas inteligentes visitarían la Tierra al menos una vez cada mil años. Pero tales visitas no han tenido lugar. Incluso extendiendo este periodo a un millón de años, no pinta mejor. Supongamos que una nave extraterrestre aterrizó en la Tierra en algún momento durante la época de los dinosaurios, que duró unos 140 millones de años. Es lógico suponer que los alienígenas habrían retornado a intervalos razonables para estudiar nuestro mundo y a estos fascinantes animales, pero también para encontrar si alguno de ellos había evolucionado la capacidad de razonar, matemáticas superiores, y construido una civilización. Habría razones para muchas conjeturas. De acuerdo con los paleontólogos, resalta Drake, el dinosaurio sauronithoides estaba dotado de tal potencial. Era un dinosaurio que recuerda a un pájaro por su tamaño y peso, que poseía una masa cerebral bastante por encima de la media, y, especula Drake, si hubiese sobrevivido otros diez o veinte millones de años, podría haber evolucionado en los primeros seres inteligentes de la Tierra. Pero esto no sucedió, debido a que los dinosaurios se extinguieron en una catástrofe cósmica. Cuando el Homo Australopithecus, más tarde el Homo Faber y Habilis,y finalmente el Homo Sapiens evolucionaron, ¿no deberían haber provocado un mayor interés por parte de los visitantes extraterrestres? Pero no se han registrado visitas. Sólo unos pocos informes mitológicos, indocumentados y altamente sospechosos de supuestas visitas alienígenas. Sería justo suponer, que si los alienígenas avanzados han visitado la Tierra durante los pasados 200 millones de años o, al menos, durante los pasados 16 millones de años, deberían haber dejado alguna marca perdurable, indestructible y reconocible, probablemente en la Luna. Pero nada de esto ha sido detectado. ¿La explicación más probable? ¡No tuvieron lugar tales visitas! No hay civilizaciones avanzadas extraterrestres en nuestras vecindades. Si existen, ya habrían contestado a nuestras señales de televisión – que alcanzan unos 60 años luz en el espacio – otra razón que invalida la afirmación de que nuestra galaxia está rebosante de inteligencia. »

Continuando más adelante
Carl Sagan y Frank Drake, los dos pioneros más distinguidos de SETI, hicieron un trabajo vanguardista.  El que sus esfuerzos y los de otros expertos dedicados a SETI en nombre de esta gran causa estén teñidos con una pizca de expectativas demasiado optimistas es comprensible y profundamente humano.Sin embargo, en el interés de la ciencia y el sensato escepticismo, creo que es hora de tomar en cuenta los nuevos hallazgos y pistas, para apaciguar la excesiva euforia de SETI y adoptar una postura más pragmática y cercana a la realidad, compatible con los hechos. Deberíamos admitir tranquilamente que las primeras estimaciones – que debe haber un millón, o cientos de miles, o incluso diez mil civilizaciones extraterrestres avanzadas en nuestra galaxia – no se sostiene por más tiempo. Podría no haber cien, ni tan siquiera diez de tales civilizaciones. Las estimaciones optimistas estaban cargadas de demasiadas valoraciones especulativas e imponderables. Lo que se requieres es contactar con una inteligencia extraterrestre, obteniendo una irrefutable y minuciosamente verificada prueba, ya sea a través de ondas electromagnéticas u ópticas o a través de contacto físico, que no somos la única especia inteligente en el cosmos.
Sagan contesta a  Peter Schenkel esta pequeña crítica con el artículo que viene a continuación:
« Me gustaría decir unas cuantas cosas sobre las estimulantes sesiones sobre la búsqueda de inteligencia extraterrestre (SETI) y sobre el lenguaje animal en nuestra conferencia del CSICOP. En la historia de la ciencia, existe un instructivo desfile de importantes batallas intelectuales que resultan tratar todas ellas sobre lo centrales que son los seres humanos. Podríamos llamarlas batallas sobre la presunción anti-copernicana.
He aquí algunas de las cuestiones:
Somos el centro del Universo. Todos los planetas y las estrellas y el Sol y la Luna giran alrededor nuestro. (Chico, debemos ser realmente especiales.)
Ésa era la creencia impuesta (Aristarco aparte) hasta la época de Copérnico. Le gustaba a mucha gente porque les daba una posición central personalmente injustificada en el Universo. El mero hecho de estar en la Tierra te hacía privilegiado. Eso te hacía sentir bien. Luego llegó la prueba de que la Tierra era sólo un planeta y de que esos puntos brillantes en movimiento eran también planetas. Decepcionante. Incluso deprimente. Mejor cuando éramos centrales y únicos.
¿Cuál es nuestra posición en el Universo?
Pero al menos nuestro Sol está en el centro del Universo.
No, esas otras estrellas también son soles, y lo que es más, nos encontramos en las afueras de la galaxia. No estamos nada cerca del centro de la galaxia. Muy deprimente.
Bueno, al menos la Vía Láctea está en el centro del Universo.
Luego un poco más de progreso científico. Descubrimos que no existe eso del centro del Universo. Lo que es más, hay cien mil millones de galaxias más. Ésta no tiene nada de especial. Completamente deprimente.
Bueno, al menos nosotros, los humanos, somos el pináculo de la creación. Somos aparte. Todas esas criaturas, las plantas y los animales, son inferiores. Nosotros somos superiores, no tenemos conexión con ellos. Todo ser viviente ha sido creado separadamente.
Luego viene Darwin. Descubrimos una continuidad evolucionaria. Estamos relacionados estrechamente con las otras bestias y vegetales. Lo que es más, nuestros parientes biológicos más cercanos son los chimpancés. Ésos son nuestros parientes más cercanos (¿esos bichos?) Es una vergüenza. ¿Has ido alguna vez al zoo y los has visto? ¿Sabes lo que hacen? Imagina lo embarazosa que era esta verdad en la Inglaterra victoriana, cuando Darwin tuvo esta idea.
Hay otros ejemplos importantes (sistemas de referencia privilegiados en física y la mente inconsciente en Psicología) que pasaré por alto.
Mantengo que en la tradición de este largo conjunto de debates (cada uno de los cuales ha sido ganado por los copernicanos, por los tipos que dicen que no hay nada especial en nosotros), hubo una nota callada profundamente emocional en los debates de las dos sesiones del CSICOP que he mencionado. La búsqueda de inteligencia extraterrestre y el análisis de un posible lenguaje animal hieren a uno de los sistemas de creencia pre-copernicanos que quedan:
Al menos somos las criaturas más inteligentes de todo el Universo.
Si no existen más chicos listos en ninguna parte, aunque estemos relacionados con los chimpancés, aunque estemos en las afueras de un universo vasto y tremendo, al menos todavía nos queda algo especial. Pero, en el momento que encontremos inteligencia extraterrestre, se perderá el último pedazo de presunción. Creo que parte de la resistencia a la idea de la inteligencia extraterrestre es debida a la presunción anti-copernicana. Asimismo, sin tomar ninguna postura en el debate de si hay otros animales (los primates superiores, especialmente los grandes monos) inteligentes o con un lenguaje, es claramente, a nivel emocional, la misma cuestión. Si definimos a los humanos como criaturas que tienen lenguaje y nadie más tiene lenguaje, al menos somos únicos en ese aspecto. Pero si resulta que todos esos sucios, repugnantes y graciosos chimpancés pueden, con el Ameslan o de cualquier otra manera, comunicar ideas, entonces ¿qué nos queda de especial a nosotros? En los debates científicos existen, a menudo inconscientemente, impulsoras predisposiciones emocionales sobre estas cuestiones. Es importante darse cuenta de que los debates científicos, al igual que los debates pseudocientíficos, pueden llenarse de emociones por todas estas razones. »

En mi opinión somos como hormigas mirándonos el ombligo y nos encantaría  ser únicas, ser la cúspide de toda forma de vida. Eso es muy arrogante. Pero me quedo con esto último del artículo:
« El escepticismo desafía a instituciones establecidas. Si enseñamos a todo el mundo, digamos a los estudiantes de instituto, el hábito de ser escépticos, quizá no limiten su escepticismo a los anuncios de aspirinas y a los canalizadores de 35.000 años. Puede que empiecen a hacerse inoportunas preguntas sobre las instituciones económicas, o sociales, o políticas o religiosas. ¿Luego dónde estaremos?
El escepticismo es peligroso. Ésa es precisamente su función, en mi opinión. Es menester del escepticismo el ser peligroso. Y es por eso que hay una gran renuencia a enseñarlo en las escuelas. Es por eso que no encontramos un dominio general del escepticismo en los medios. Por otra parte, ¿Cómo evitaremos un peligroso futuro si no poseemos las herramientas intelectuales elementales para hacer preguntas agudas a aquellos que están nominalmente al cargo, especialmente en una democracia? »

Carl Sagan La carga del escepticismo

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