La brecha entre « la cultura experta » y la « cultura ciudadana »: Ciudadanía y ciencia responsable

Interesante artículo  en Tecnocidanos que pone en el tapete el poco énfasis que ponen las políticas públicas en el trabajo de atraer a la ciudadanía a las investigaciones científicas, que , al fin y al cabo construyen la sociedad.

Y, aunque se habla del caso español, bien encaja en nuestro medio, sobre todo ahora que se discute tanto sobre ciencia , tecnología y educación:

Este debate, a veces confundido con el de las dos culturas siempre tuvo mucho eco entre los educadores, pues abundan quienes piensan que sin un mayor esfuerzo de las instituciones educativas para trasladar contenidos científicos a los estudiantes estamos condenando a los jóvenes a la condición de analfabetos funcionales. El problema podría crecer algo más si lo situamos en el contexto de algunos de los debates más visibles que dominan la actualidad política. El cambio climático, la salud medioambiental o los debates sobre alternativas energéticas, reproductivas, alimentarias o urbanísticas, son asuntos que no pueden ser tratados como si sólo fueran de la incumbencia de los científicos o los profesores.

Continuando

El problema es que se está usando la ciencia para fragmentar la sociedad, pues lo que la gente opine sobre la urgencia con la que deben adoptarse medidas para frenar el cambio climático o regular eficazmente el vertido de sustancias químicas, puede tener inmensas consecuencias sobre el modelo de desarrollo económico e industrial. Una información científica de mala calidad (insuficiente, anticuada, errónea o manipulada) es un asunto grave. El problema que aquí estamos tratando, la preocupación que quieren compartir Nisbert y Mooney, tiene que ver con el escaso compromiso de los científicos en la tarea de comunicar sus conocimientos a la sociedad.

No es sólo la desigualdad que se crea si se tolera la escisión entre las llamadas dos culturas (la de los científicos y las de los humanistas), sino que se cede a las grandes corporaciones la capacidad para crear un estado de opinión pública que favorecerá sus intereses en detrimento del bien común. El debate sobre las dos culturas se transforma así en una reflexión sobre las dos naciones, la que se atiene a los valores del republicanismo cívico y la que se organiza según la regla del máximo beneficio.

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