La ciencia como parte de la cultura: Sokal, Descola y la Tercera Cultura

Buscando « cortitas » de Slashdot y Barrapunto en el Google Reader me encuentro con un interesante artículo  en Evolutionibus que va con el tenor de lo que tratamos acá hace unos meses sobre la separación de la ciencia y la cultura, artículo que cita además las pertinentes críticas de los físicos Alan Sokal y Jean Bricmont sobre la relatividad con que en la actualidad muchos científicos sociales, filósofos y literatos interpretan la información y conocimientos producidos desde las llamadas « ciencias duras » sin tratar de establecer diálogo alguno ( se podría decir que dicha actitid viene de ambos « lados »), diseminando así entre los estudios culturales , filosóficos y literarios un conocimiento pseudocientífico (ver Escándalo Sokal):

« Evolucion cultural y biologica

Las ciencias de la naturaleza y las ciencias de la cultura – como dice Philippe Descola – han vivido y viven separadas nuestros caminos de acceso al conocimiento fragmentados. En la antropología el estudio de la cultura como producto de la especie humana, su origen, flujo y reproducción, así como los descubrimientos genéticos y físicos en el campo neuronal han ido de la mano desde siempre aportando datos ( desde la antropología física/biológica, Antropología Social/cultural, hasta la antropología congnitiva).

« Recurrencia: la ciencia como parte de la cultura

Fuente: El Blog de Evolutionibus: Evolución, divulgación y algo de opinión
« En el siglo XVII, el llamado de la revolución científica, a personajes como Newton o Kepler se les llamaba filósofos naturales, puesto que ejercían la filosofía, que según la RAE es el “conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios más generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano.”

Sin embargo, justo a partir de esa época, dada la especialización y las evidentes diferencias entre los métodos “filosófico” y científico, a estos filósofos naturales se les pasó a denominar científicos, separándolos directamente de lo que se entendía por filosofía, aunque también tratasen de dar una explicación a la naturaleza utiliza, si bien por caminos diferentes.

En el siglo XIX la fractura existente entre ambos mundos, el filosófico y el científico, era irreconciliable, y a principios del XX, simplemente, la cultura pertenecía exclusivamente al mundo de las letras por extensión, siendo la ciencia una cuestión de unos pocos.

Así las cosas, los literatos se apropiaron de la cultura (y, por extensión, el término intelectual también), era suya en exclusiva, como ya certificaba C. P. Snow (científico y novelista) en una conferencia en Cambridge en 1959. Allí fundaba el concepto de las dos culturas, el científico y el humanista, que se habían ido separando irreconciliablemente. Algo más adelante, en 1963, publicó la misma conferencia corregida, y allí apareció el término tercera cultura, que debería de servir de puente entre las dos primeras.

En la misma línea de Snow, John Brockman publica en 1991 un libro titulado “La Tercera Cultura” (publicado en Metatemas y disponible en la web) en el que ahonda más en la cuestión. A partir de los años ochenta se observa un interesante fenómeno: los científicos toman al asalto la primera cultura y comienzan a escribir libros directamente dedicados al público en general. Autores como Carl Sagan (y antes, Einstein y otros) escriben obras que se convierten en best sellers y cuya temática es la ciencia, algo impensable hasta ese momento.

Cuenta Brockman en una entrevista para el programa REDES de TVE que en esa época, la polarización se daba entre literatos y científicos (en NuevaYork). Los literatos carecían por completo de conocimientos científicos y se vanagloriaban de ello. Ridiculizaban a los científicos y veían sus obras con auténtico desdén. Según el mismo Brockman, el caso contrario no solía ocurrir: ningún científico podía presumir de no haber leído a Shakespeare. Sin embargo, el mundo del artista siempre era más abierto y cercano al científico, y a través de ellos se produjo esa conexión.

En palabras textuales de Brokman, “la tercera cultura consiste en aquellos científicos y otros pensadores del mundo empírico que, a través de su trabajo y de sus escritos expositivos, ocupan el lugar de los intelectuales tradicionales al hacer visibles los significados más profundos de nuestra vida y redefinir quién y qué somos”. También añade esto otro en un ensayo del 92: “Una educación de la década de 1950 en Freud, Marx y el modernismo no es una cualificación suficiente para un pensador de la de 1990.

De hecho, los intelectuales estadounidenses tradicionales son, en cierto sentido, cada vez más reaccionarios, y orgullosamente (y perversamente) ajenos a muchos de los logros intelectuales verdaderamente importantes de nuestro tiempo. Su cultura, que desdeña la ciencia, a menudo no es empírica. Utiliza su propia jerga y lava sus propios trapos sucios. Se caracteriza fundamentalmente por el comentario sobre comentarios, la fuerte espiral de observaciones que acaba llegando a un punto en el que se pierde el mundo real” Es justo el terreno abonado para la difusión de todo lo relacionado con las pseudociencias.

Precisamente, harto de que los intelectuales corrompieran el lenguaje científico, lo tergiversaran y crearan con él un engendro ininteligible, Alan Sokal provocó un terremoto en el mundo de la cultura el año 1996. Sokal, físico teórico francés, se familiarizó hasta el extremo con esa jerga intelectualoide y escribió un artículo que sepodría traducir por Transgrediendo los límites: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad cuántica (sic). Se lo publicaron en un número especial de una revista bastante reputada en ese entorno. El artículo recreaba todas las críticas y tópicos acerca de la ciencia que circulaban por entonces (y aún hoy), y fue santificada por el directo con la frase “un intento serio de un científico profesional de buscar a partir de la filosofía posmoderna afirmaciones útiles para los desarrollos de su especialidad”. La historia iba especialmente dirigida a una especie de izquierda intelectual postmoderna (probablemente la misma que aún existe hoy y que avala desde las esferas más altas la subvención pública de falsas medicinas).

Un año más tarde, Sokal y Jean Bricmont publican el famoso libro Imposturas Intelectuales (está en Paidós). En él explican el objeto de la burla y plantean un debate sobre el significado de las dos culturas. En palabras de ellos mismos, “confundir la hostilidad a la injusticia y a la opresión, con la hostilidad a la ciencia y a la racionalidad es un sinsentido”.

La situación actual es relativamente menos hostil que hace una década. La literatura científica es, de hecho, parte del mundo cultural, por más que siga estableciéndose la dicotomía en muchos medios de comunicación “Ciencia y cultura”.

Los libros de divulgación científica han alcanzado una gran diversidad de títulos y difusión. Desde Carl Sagan e Isaac Asimov (a los cuales muchos debemos el interés por la ciencia) el número de autores empeñados en abrir al mundo los entresijos de la ciencia es enorme: Stephen Jay Gould, Richard Dawkins, Stephen Hawking, Bill Bryson, Paul Davies, Manuel Toharia, Martin Gardner, Jorge Wagensberg, James Watson, Juan Luis Arsuaga, Oliver Sacks, José Manuel Sánchez Ron (atención a su último libro con Mingote) y un largo etcétera. »

Todos ellos, por increíble que parezca, se proponen dar una visión humana de la Naturaleza desde el punto de vista de la ciencia, enfrentándose a un mundo que, por increíble que parezca dada su dependencia de ella, aún la teme.

Enlaces relacionados:

El “poderoso” gen Neandertal y el habla : biologia antropologia y evolucion

Imposturas intelectuales Recensión de la obra de A. Sokal y J. Bricmont

Alan Sokal

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About Andrea Naranjo Leclercq

Peruvian anthropologist stuck in Brussels/Exploring the boundaries between media communication tools,technology & culture/Member of cognitariat/ Geek & Freak / Flashdance life- Anthropologue et journaliste qui explore les frontières entre les outils de communication, la technologie et la culture /En peu Geek, un peu freak/ Membre du cognitariat / Flashdance life

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