Las estructuras elementales: mito y dinámica social, mito como recurso político

« (…) Sufría al ver confundidas constantemente naturaleza e historia en el relato de nuestra actualidad y quería poner de manifiesto el abuso ideológico que, en mi sentir, se encuentra oculto en la exposición decorativa de lo evidente – por – sí – mismo. » Prólogo Mitologías – Roland Barthes

En la reciente desaparición del antropólogo francés Claude Lévi-Strauss, no hay país que haya rendido más homenajes, sin pretenderlo expresamente, que el nuestro: desde la Policía Nacional del Perú con el caso de Los Pishtacos hasta la mención del Mito de Bagua (o el caso de « sociedades « ágrafas » contemporáneas:  entre el modelo desarrollista clásico y el desarrollo durable – El decreto 1090, sistemas lineales y contextos finitos*.

El cerebro como dispositivo simbólico

El enfoque estructuralista pretende listar los repositorios mentales de la cultura humana dando cuenta del origen y evolución cultural. Sería en el  inconsciente donde los mitemas conforman por oposición dicotómica las estructuras mentales universales de nuestra especie  que saldrían al exterior en forma de mitos totales, los cuáles explicarían el origen  de las sociedades y el surgimiento de nuevas variables bioinstitucionales, religiosas,  además la aparente oposición naturaleza y cultura que encontramos en las sociedades contemporáneas.

El mito pertenecería a las  sociedades ágrafas o frías (para Lévi-Strauss  la mitología cumpliría la función epistemológica de la ideología en las sociedades modernas). Así las sociedades modernas no producirían mitos sino conocimiento explicado a través del método científico (Lévi- Strauss profundiza en ello).

Pero qué sucede cuando el mito se localiza en una dinámica social que permite ser usado como ente de desacreditación internacional para poder consolidar de manera despectiva, por ejemplo, que somos un país que contiene « sociedades ágrafas que basan las explicaciones de  masacres e injusticias en mitos?

Qué sucede cuando una unidad de investigación de la Policía del Perú utiliza un mito como  el del Pishtaco, tan estudiado en la variante de denuncia por el extraordinario antropólogo José María Arguedas, como explicación  de un asesinato común?

Es muy fácil entonces que se pretenda , poniendo como ejemplo el caso de los Pishtacos, que la tragedia de Bagua no es sea sino  un mito construido por « sociedades ágrafas que no desean entrar a la modernidad ».

Es que dentro de poco vamos a leer sobre el Mito de la CVR ?

Incluso parece que el reporte de la policía hubiése sido copiado textualmente del estudio Los pishtacos : degolladores degollados Wilfredo Kapsoli – IFEANET

Los pishtacos son hombres temibles y poderosos. Tienen por riqueza grasa humana, oro y plata. La grasa proviene de los hombres degollados de  cuya carne preparan chicharrones y lo destilan colgándolos en ganchos « desde donde gotean a los cilindros ». El tesoro que poseen es producto de sus fechorías y de la grasa que venden en Lima.

Un tema muy interesante ha ser profundizado pues  no hay que olvidar que la comunicación publicitaria se basa en mitos populares para lograr el éxito de campañas. Podríamos estar ante un caso de marketing político respecto a la banda de los pishtacos y la pretendida construcción del mito de Bagua. Quién mejor que el semiólogo Roland Barthes y su Mitologías ( en Scribd) para ilustrarnos sobre ello.
Nota:

Según William Rowe (Hispanic review Mito e ideología en la obra de José María Arguedas 1979)   el Mito para Arguedas es un móvil de acción social para conservar una identidad frente a la opresión.

Así respecto al mito del Pishtaco  continúa Kapsoli :

José María Arguedas y Sergio Quijada ya lo anotaron en los años 50: « Me dijeron todos que antes utilizaban la grasa humana para fundir campanas pero que ahora tienen la creencia de que los pishtacos la envían al Gobierno por contrato, para la lubricación de las máquinas de los ferrocarriles. Una maestra me aseguró que efectivamente los degolladores tenían contrato con el gobierno para enviar grasa humana que era empleada en la lubricación de las locomotoras; la misma maestra afirmó que el contrato de los pishtacos con el Gobierno era reciente y que antes sólo empleaban la grasa humana en la fundición de las campanas » (Arguedas, 1953).

« Todos piensan que los pishtacos, que pueblan las serranías, tienen « tarjeta del Estado o del Gobierno » y a quienes, por los crímenes que cometen no se les puede ni siquiera instaurar instrucción, ni simple investigación, por tener su famoso salvoconducto, inmunes a todo proceso… » (Quijada, 1958).
Una manera poco burda del extraordinario trabajo de J.M. Arguedas cualquier parecido con el reporte policial…
Enlaces relacionados:
*Incluso va a salir un libro sobre el Mito de Seattle 1999 pero ese es otro tema aplicado a los mitos políticos modernos y a la teoría de la conspiración en The Battle of the Story of the Battle of Seattle

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