EL MIEDO COMO CATARSIS COLECTIVA EN EL CINE: analisis del Festival Internacional de Cine Fantástico de Bruselas – BIFFF

Cada año durante las dos primeras semanas de abril se lleva a cabo en Bélgica el Festival Internacional de Cine Fantástico de Bruselas (más conocido como el BIFFF por sus siglas oficiales en inglés).

El BIFFF, creado en 1983 y que celebra su trigésimo quinto aniversario este  año, es un festival considerado toda una institución en su género en el mundo entero, junto con el Festival de Sitges de Cataluña (1967), el FantaFestival de Italia (1981) o el FantasPorto de Portugal(1982) , por citar los más antiguos.

Si bien este género en nuestro continente está solo comenzando a desarrollarse (si nos comparamos con América del Norte, Europa y Asia), los especialistas auguran un buen momento para el cine fantástico, que no conoce la crisis. Esto se puede confirmar ya que, por ejemplo, la ciudad de Bruselas se pone al “servicio” del BIFFF, por decirlo de alguna manera: zombis invaden las calles de la ciudad, hay actividades culturales, conferencias, conciertos, durante las dos semanas del Festival, con el  impresionante apoyo de todos los medios de comunicación de Bruselas: la radio y la televisión transmiten en directo desde el Festival cada día.

El público del BIFFF es un público de conocedores, famoso por  su rigor y por interactuar con las películas en una íntima complicidad. Aplausos cuando aparece la acción;  gritos de satisfaccion cuando hay una escena « gore »; aullidos ante una escena con una luna llena o simplemente comentarios positivos o críticos y bostezos si una película es muy mala. Con ello, los directores presentes pueden “medir” el éxito  de sus obras.

Pero fuera de esto, el ambiente vivido cada día en el BIFFF es más cercano a una catarsis frente a escenas y tramas de verdadero terror. La sensación de miedo, como bien lo señala el director mexicano Diego Cohen (Luna de miel, 2015), se transforma así en una catarsis colectiva.

En este sentido, las películas de género de horror, ciencia ficción y suspenso (thrillers) reflejan los miedos de una sociedad, y muchas de las clásicas historias están fundadas en mitos y leyendas profundamente enraizados en la cultura tradicional de cada sociedad, como los vampiros, demonios y brujas y fenómenos paranormales. Pero también son el reflejo del miedo a nosotros mismos y a lo que podemos ser capaces en situaciones extremas, como las historias de desviaciones psicológicas, asesinatos, violaciones y torturas.

Pero, ¿por qué el miedo como expresión artística, tiene tanto éxito, no solo en el cine? Recordemos que el género de terror en literatura está magníficamente representado por Edgar Allan Poe, Howard Phillips Lovecraft ou Stephen King , por ejemplo.

Desde Aristóteles hasta Bauman, pasando por Freud, Sartre y Arendt, el miedo, aquel fenómeno psicobiológico instintivo, ha sido y es un tema de estudio clave para entender el comportamiento sociocultural del ser humano.

Aristóteles define el miedo como una  pasión (pathos), una mezcla de dolor y placer que bien controlada se convertiría en una virtud que evitaría el dolor para aumentar el placer (Domínguez, 2003; Kortanje, 2009). En el sentido aristotélico el miedo, como recurso creativo o como expresión artística, se convertiría en “virtud” para controlar los extremos de éste, a saber: la cobardía y la temeridad.

Esto último, tal vez, es lo que explicaría el enorme suceso del cine fantástico el que engloba los géneros de ciencia ficción, suspenso y horror: enfrentar nuestros miedos para alcanzar una catarsis que nos permitiría lidiar con los peligros constantes a los que nos enfrentamos en nuestra cotidianeidad.

Claro está, se debe hacer la diferencia de aquel cine burdo y sanguinario con violencia gratuita que,  convertido en producto de consumo masivo por un tipo de industria cinematográfica, se aprovecha de lo que Bauman llama “un miedo secundario y permanente” (2006, 2007), el cual percibimos de manera colectiva y sociocultural no como fuente de creación o catarsis sino como  una sensación constante de “inseguridad y vulnerabilidad” correspondiente a esta época.  Un miedo secundario que podría equipararse al miedo coercitivo que inspiraban los castigos corporales públicos mostrados como espectáculo hasta el siglo XIX (Foucault, 1976).

Ya centrándonos en el caso latinoamericano, en las conversaciones con Esteban Roel (Musarañas, 2015), Diego Cohen, y Alejandro Hidalgo (La casa del fin de los tiempos, 2010), el triunfo del cine fantástico, de terror y ciencia ficción de América Latina va a depender de saber enfrentarnos a los miedos, mitos y leyendas propios de nuestra cultura, y saber comunicarlos, transformarlos en virtud y catarsis social para  que la gente se sienta identificada con ellos. De nada va a servir copiar fórmulas  que nos lleven a un miedo causado por un terror burdo, cotidiano y gratuito.

Extracto del articulo publicado en la  – Revista Butaca – Dirección de Cine y Producción Audiovisual del Centro Cultural de San Marcos

Enlaces relacionados:

Brussels International Fantastic Film Festival (BIFFF)  – (Inglés, Francés -Neerlandés)